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¯`··._.·Ël BosKe De KêMíìKaL`·.¸¸.·´´ReCiCla o sEräS ReCicLâdO 10月7日 Los 10mil de JenofonteLa Expedición de los Diez Mil fue una campaña formada por contingentes de mercenarios griegos reclutados por Ciro el Joven, durante su revuelta contra su hermano mayor, el soberano aqueménida Artajerjes II Memnón. La expedición es relatada por Jenofonte, que formó parte de ella, en su obra la Anábasis. Tras la muerte de Darío II, rey de Persia, en 404 a. C., Artajerjes II, su hijo, subió al trono. Su hermano pequeño, Ciro el Joven, conspiró para conseguir la corona, pero fue denunciado por el sátrapa Tisafernes. Protegido por su madre Parisatis, fue restablecido en su mando de Sardes. Allí, utilizó a sus anfitriones para reclutar un ejército de mercenarios griegos. No fue muy difícil, ya que numerosos hoplitas se encontraban desmovilizados a finales de la Guerra del Peloponeso. Además, Ciro recibió bajo mano la ayuda de Esparta. De hecho, solicitó específicamente recurrir a los peloponesios, reputados por su valentía, y a los que él mismo había socorrido a lo largo de la guerra, pero si bien Esparta no quiso implicarse abiertamente en la campaña, permitió que muchos de sus soldados, veteranos de la Guerra del Peloponeso, se alistaran libremente como mercenarios. Clearco, el ex gobernador espartano de Bizancio, desterrado de la patria por rebelión, asumió el mando de las tropas espartanas y por ende del resto de los mercenarios griegos. Ciro reunió a su ejército, compuesto por tropas griegas y persas, en la ciudad de Sardes (Asia Menor). El contingente de mercenarios griegos estaba formado por 10.000 hoplitas y 2.000 mil peltastas (Jenofonte Anábasis 1.2.9). Ciro ocultó, al principio, el objetivo de su expedición: les anunció que quería someter la región rebelde de Pisidia. Una vez que el ejército sorteó esta región y llegó a los límites del Éufrates, no pudo seguir ocultando la verdad: los soldados se indignaron al principio, pero se apaciguaron por la promesa de generosas pagas. En la Batalla de Cunaxa (401 a. C.), las tropas de Ciro se enfrentaron a las de Artajerjes. Los mercenarios griegos formaron la falange en el ala derecha y derrotaron fácilmente al flanco izquierdo del ejército persa, pero Ciro, tras encabezar un ataque directo con su caballería contra la posición donde se encontraba su hermano Artajerjes, encontró la muerte. Tras perder a su líder, las tropas persas de Ciro comenzaron a huir y a rendirse en masa. Los victoriosos griegos se encontraron solos y aislados en el inmenso Imperio Persa. El ejército griego concluyó primero una tregua con Artajerjes, que no quería arriesgarse a perder más hombres a manos de simples mercenarios. Acompañados por las tropas del sátrapa Tisafernes, los helenos dieron media vuelta hasta las orillas del Tigris. Allí, Tisafernes recibió en su campamento a los comandantes griegos encabezados por Clearco para concluir las condiciones del acuerdo, pero les tendió una trampa y los masacró sin piedad, dejando de un plumazo a los Diez mil sin sus líderes. Los soldados presionaron entonces al joven Jenofonte para acaudillar la retaguardia y llevar a cabo la retirada. Atravesaron primero el desierto de Siria, Babilonia, después la Armenia nevada, para regresar a su patria. Al final, después de varios meses de marcha y de numerosos enfrentamientos con los pueblos de los territorios que cruzaban, llegaron al Mar Negro en Trapezunte. Fue el famoso momento del grito «¡θάλασσα! ¡θάλασσα!, ¡Thalassa! ¡Thalassa!» («¡El mar! ¡El mar!)» relatado por Jenofonte en su Anábasis.[1] Les quedaban aún 1.000 km por recorrer. Sin embargo, los griegos no se habían librado: les hacía falta barcos. Quirísofo, estratego comandante en jefe, partió a Bizancio para conseguirlos, mientras los griegos reemprendían la marcha en dirección a Paflagonia. Las ciudades griegas del litoral, en lugar de acogerles, les mantuvieron a distancia, por miedo a posibles pillajes —es cierto que la mayoría de los griegos rechazaron volver a su hogar sin botín-. La rebelión brotó en las filas, y los arcadios y aqueos acabaron por hacer secesión. El ejército estuvo a punto de ceder al pánico cuando se propagó el rumor de que Jenofonte deseaba ir a fundar una colonia en Asia. Lo refutó ante el ejército constituido en asamblea. Abandonados por los espartanos, en adelante aliados de los persas, los griegos se alquilaron entonces a un dinasta tracio. En el 400 a. C., se negó a pagarles. Un general espartano, Tibrón, les contrató para luchar contra los sátrapas Tisafernes y Farnabazo I, quienes tiranizaban las ciudades griegas de Jonia. Los Diez mil, que entonces no eran mucho más de 5000, marcharon a Lámpsaco, después a Pérgamo, donde Jenofonte cedió el mando a Tibrón. El periplo del contingente griego a través el Imperio Persa sorprendió, con razón, a los contemporáneos de Jenofonte. Era la primera vez que un grupo de griegos llegaba a escaparse del «corazón de las tinieblas» de un imperio hasta entonces inviolado. La expedición de los griegos demostró que dicho imperio, que había invadido dos veces a Grecia durante las Guerras Médicas, no era quizás, al fin y al cabo, tan temible. Una pequeña tropa de mercenarios -aguerridos, desde luego, y determinados- logró lo inimaginable: escapar de la venganza de Artajerjes y de sus ejércitos en el corazón mismo de su reino. Su éxito, además de demostrar la innegable superioridad militar de los griegos sobre los persas, demostró que era posible una expedición a las tierras del Gran Rey. Esta lección será recordada por los macedonios. Otra consecuencia de la expedición de los Diez mil fue la evolución significativa del mercenariado, especialmente de los griegos: los contingentes iniciales contratados por Ciro respondían a la lógica clásica de la oferta y de la demanda de los ejércitos. Ciro era el contratante y los Diez mil no respondían a ninguna otra realidad más que el número, aproximado, de los mercenarios griegos que componían, en parte, las tropas que reclutó contra su hermano. Ahora bien, después de la batalla, estos mismos griegos se encontraron liberados por la muerte en combate de su empleador, Ciro, en pleno corazón de un territorio enemigo. Nombraron jefes y decidieron subir hacia el norte, hasta el Mar Negro, hacia las ciudades griegas que creían que les acogerían. Una astucia de Tisafernes estuvo a punto de poner fin al periplo, pero los griegos no abandonaron y se nombraron jefes nuevos: es a partir de este momento cuando se puede hablar de los Diez mil. Su llegada ante las ciudades costeras griegas mostró una nueva faceta de estos mercenarios. De los pequeños contingentes desaparecidos (que no vacilaban en batirse entre ellos), aglomerados por Ciro y tenidos por su sola voluntad (y de promesas falaces), el mundo antiguo descubrió un ejército entero de mercenarios, organizado, experimentado y sobre todo autónomo. Si la sorpresa no les valió a los persas que les persiguieron desde Cunaxa y que veían la lenta gestación de este cuerpo de ejército, los griegos de las ciudades estaban aterrorizados cuando, frente a los Diez Mil que mendigaban para comer o para volver su país, este ejército de soldados de fortuna acampó tranquilamente delante de sus muros y podían o no saquearlas sin que éstas pudieran reaccionar. Es esta constante la que explica la actitud de las diversas ciudades griega frente a los compañeros de Jenofonte. Pero lo único que hicieron los Diez mil fue dar miedo a sus compatriotas y especialmente a los espartanos. Esparta, cuya hegemonía se afirmó poco a poco sobre las ciudades griegas -consecuencia lógica de la reciente victoria sobre Atenas- se enfrentó entonces a un espinoso problema: ¿cómo deshacerse de una cantidad tan alta de compatriotas, que no tienen ni las ganas ni los medios para combatir inmediatamente? La política de la reunión de los jefes a la vista de los espartanos —Jenofonte es un ejemplo de ello—, prevaleció finalmente y el viraje geopolítico regional, cuando los aliados de ayer se convierten en adelante en enemigos, decidió la cuestión cuando Tibrón incorporó los últimos elementos de los Diez mil. 7月8日 La Piedra de SconeLa Piedra del Destino, también conocida como Piedra de Scone o Piedra
de la Coronación (en Gaélico escocés clach-na-cinneamhain, clach Sgàin
o también Lia(th) Fàil), es un bloque de piedra arenisca,
históricamente conservada en la Abadía de Scone (hoy derruida y
sustituida por el Palacio de Scone), que se empleaba en las ceremonias
de coronación de los reyes escoceses durante la Edad Media. En el siglo
XIII la Piedra fue capturada por el rey Eduardo I de Inglaterra y
llevada a la Abadía de Westminster en Londres, para emplearla en la
coronación de los reyes ingleses. En 1996, el Gobierno Británico
decidió devolver la Piedra a Escocia, con la condición de que volviera
a Londres para su uso en futuras coronaciones, por lo que ahora puede
ser vista en el Castillo de Edimburgo, junto con las joyas de la corona
escocesa. La leyenda afirma que la Piedra del Destino es la utilizada por Jacob para apoyar la cabeza en el pasaje del Génesis en el que sueña con la llamada Escalera de Jacob (Génesis 28:10-18).[1] Otra leyenda sostiene que esta roca fue traída a Escocia por la hija de un Faraón egipcio, llamada Scota o Scotia, a través de España e Irlanda, y otra distinta afirma que se trata del "altar móvil" empleado por San Columba, apóstol de los pictos, durante su tarea de evangelización. Los orígenes históricos de la Piedra como elemento de los rituales de coronación tampoco están muy claros. Lo más probable es que se trate del antiguo sitial de coronación de los Dalriadas, originalmente instalado en Dunadd, traído a Antrim primero, luego a Argyll y finalmente a Scone (en el norte de Perth, su ubicación definitiva durante al menos cuatro siglos. Todos los reyes escoceses fueron coronados sobre esta piedra, al menos desde Kenneth I de Escocia (847) hasta John Balliol (1296). Durante la Edad Media, la Piedra del Destino apenas sufrió traslados ni modificaciones. Una leyenda tradicional afirma que Roberto I de Escocia (Robert the Bruce) regaló un pedazo a los irlandeses en agradecimiento por su colaboración en la batalla de Bannockburn. El fragmento de piedra, otorgado a Cormac McCarthy, rey de Munster, fue instalado en su fortaleza del Castillo de Blarney, por lo que pasó a ser denominada Piedra de Blarney. En 1296, en un intento por despojar a Escocia de sus símbolos básicos de identidad, el rey Eduardo I de Inglaterra saqueó la Abadía de Scone y se apropió de la Piedra del Destino como botín de guerra, instalándola en la Abadía de Westminster para su uso en las ceremonias de coronación. Para ello, hizo construir una silla especialmente diseñada (conocida por ello como la Silla de San Eduardo), sobre la que desde entonces han sido coronados todos los reyes británicos excepto María II de Inglaterra. Hay leyendas sin embargo que afirman que Eduardo I no logró llevarse la auténtica piedra, ya que los monjes de la Abadía de Scone la ocultaron y entregaron al rey inglés una copia o falsificación. En 1328, durante las conversaciones de paz entre los reinos de Escocia e Inglaterra, parece ser que el rey Eduardo III de Inglaterra se comprometió a devolver la Piedra a Escocia. Sin embargo, dicha condición no formó parte del definitivo Tratado de Northampton, por lo que la piedra se conservó en la Abadía de Westminster sin interrupción durante más de seis siglos. Con la unificación de las coronas de Escocia e Inglaterra bajo la dinastía de los Estuardo, los reyes de Escocia volvieron a ser coronados sobre la Piedra del Destino, aunque sin que ésta se desplazase de su ubicación en ningún momento. Durante el siglo XX la Piedra del Destino realizó dos viajes bien distintos a Escocia: uno furtivo y temporal, y otro oficial y definitivo. El primero de ellos tuvo lugar en 1950, cuando, el día de Navidad, cuatro estudiantes escoceses robaron la piedra de su ubicación en la Abadía de Westminster y emprendieron un viaje con ella hacia Escocia. Durante el proceso de extracción de la Piedra de su lugar en la Silla de San Eduardo, la piedra se partió en dos. Después de esconder la mayor de las partes en Kent durante semanas, los estudiantes ocultaron la piedra en la parte trasera de un coche y se arriesgaron a cruzar la frontera, plagada de controles policiales. El fragmento más pequeño de la Piedra hizo un camino similar: tras pasar unos días en Leeds, llegó a manos de un veterano político de Glasgow, quien hizo que fuera reparada por el cantero profesional Robert Gray. Dado que el Gobierno Británico había organizado una extensiva búsqueda, y que la opinión pública no se mostraba tan favorable al robo como sus autores esperaban, la Piedra fue abandonada en la Abadía de Arbroath, el 11 de abril de 1951. Es imposible saber si la intención de los secuestradores era devolver la piedra o si esperaban que la Iglesia de Escocia la protegiese de los ingleses. Lo cierto es que cuando la policía supo de su localización, la reclamó y la devolvió a su lugar en la Abadía de Westminster, a tiempo para la coronación de la Reina Isabel II de Inglaterra en 1953. Nuevamente, circularon leyendas que decían que la piedra devuelta no era la original sino una copia, repitiendo así los rumores respecto a su entrega original en el siglo XIII. La devolución real y definitiva de la Piedra a Escocia se produjo en 1996, a iniciativa del gobierno conservador del Primer Ministro John Major. La Piedra hizo el camino desde Londres custodiada por el ejército, hasta ubicarse en el Castillo de Edimburgo, donde hoy puede contemplarse junto al resto de las Joyas de la Corona escocesa 12月12日 Jól [ Yule]
La fiesta más importante y sagrada para los paganos del norte fue el Jól (En el mundo anglosajón le llaman Yule y los visigodos lo llamaron Jiuleis, en inglés antiguo Geóla). Su nombre viene de una palabra islandesa que significa rueda-Hjól (Wheel en inglés). El Jól es la rueda del cosmos representado en el viaje de la Diosa Sól (El Sol) a través del círculo celeste. Es el eterno retorno de la diosa tras el fin de la decrepitud para luego renacer, es decir que es la victoria de la luz sobre las tinieblas. Los romanos llamaron al Jól como Sol Invictus, es decir, el Sol Invatido con el mismo significado. En la Edda se narra que el hijo segundo de Óðinn, Balder, fue asesinado tramposamente por Loki usándose de las manos de Hödr el ciego. La muerte de Balder representa al Miðsummars Sólhvörf (Solsticio Solar) en que el Sol (Balder) es herido de muerte. Su funeral se realizó en Hringhorni en su barco el cual se usó como pira funeraria. Este ritual representa al viaje de la Diosa Sól a través del mundo de los difuntos en el barco sagrado que penetra en el mundo de la ocultación. Dicho símbolo lo podemos encontrar en los Halliristningar Noruegos en que hay un barco que transporta a una cruz céltica, simbolo solar. El sol viaja al Oeste al mar a través del mundo de la ocultación, el Niflheim y a travesar el mundo de los muertos.
El neúmeno acontecido después del Sólshvörf (Solsticio) es de tras haber llegado las horas del día e intesidad solar a su máxima plenitud, empieza a decaer y por tanto su decrepitud. El sol está herido de muerte, y parece un mal presagio ya que la existencia depende del Diosa. Nuestras cosechas y nuestra prosperidad está ligado a la bendición de Sunna-Sól en cada día que acontece. Balder está herido de muerte y de hecho perece para viajar al Hel. Ódinn envia a Hermód al Hel que fuese a rescatar a Balder tardando nueve días en su travesía por páramos oscuros. El llega al Hel gracias a la información que le dio una doncella llamada Módgud que vive en el puente de Gjallarbrún que cruza el río Gjall. Dicha mujer es la que protege el puente. Llegó pues Hermód a las puertas del Infierno, entonces se presentó ante Hel encontrando a Nanna y a Balder allí presentes. Entonces, al día siguiente le pidió que permitiese regresar. Hel dijo a Hermód que solamente si le lloraban todas las almas del mundo, y sólo entonces así, ella le permitiría regresar. Hermód regresó al Ásgard, Balder le dio el anillo Draupnir para que regalara a su padre, Ódinn, como recuerdo y Nanna que murió de tristeza tras el asesinato de Balder le ofreció telares a Frigga. Hermód explicó las palabras de Hel a los dioses y Frigga mandó mensajeros a todas las cosas del mundo para que llorasen a Balder. Loki se transformó en una giganta llamada Thökk y se negó a llorar a Balder tras llegar el mensajero. Por ello, Balder no resucitó. Este pasaje representa al tiempo de otoño donde el mal tiempo y en que los días son más cortos. A pesar de los intentos de los dioses de recuperar a Balder (El Sol), no pueden retornarlo. Y por ello, el año evoluciona al Ragnarök Después del Miðsummar, llega la máxima apogeo de la oscuridad y decrepitud de la diosa. Es momento en que las almas vagan en pena, las puertas del Hel están abiertas. Llega pues, el momento del fin, el Ragnarök y el invierno profundo que llamarán el Filmbulvetur. Un lobo engullirá al Sol y otro a la luna. Ocurrirán grandes calamidades en el Midgard. Se liberará el Lobo Fenrir que irá con la boca a abierta a matar a los dioses. La serpiente Jomungardar se revolverá e inundaá la tierra, también viajará a matar a los dioses. El gigante Sutr cabalgará con el mismo propósito. Sutr viajará primero encima del Bifröst junto a Fenrir y Loki que irán a vengarse aniquilando el puente tricolor. Habrá una gran batalla en que el Allfaðer muerto en batalla engullido por la Oscuridad, el lobo Fenrir. Thór tendrá una batalla terrible con la serpiente Jomungardar y no podrá ayudar a Ódinn. Freyr será matado por Sutr dado a que no tenía espada a haberla regalado. Tyr murió por el lobo Garm que venía desde el Gripahell. Thór conseguirá matar a la serpiente de Midgard (Jomungardar), pero caerá en los venenos de la serpiente muriendo también. Heimdall y Loki se matarán entre los dos. Entonces Sutr enviará fuego por todo el mundo destruyendo lo existente. Parece que es el fin de la existencia, sin embargo tras el fin del Ragnarök resucita Balder para ser el nuevo Herri (Señor) de todos los dioses. El neúmeno del Sólshvörf es el regreso de la diosa, la victoria sobre las tinieblas. La victoria sobre "el mal" y la oscuridad que llevaran a un año nuevo de prosperidad. Un nuevo comienzo. Los otros hijos de Ódinn sobrevirán y los hijos de Thór teniendo a Mjöllnir. La hija de Sól suplantará a la antigua diosa para ser la nueva diosa. Es el renacimiento del Año. Por ello los paganos celebramos la victoria sobre la oscuridad y el poder vivir un año más. Por ello, se completa de nuevo el ciclo, la rueda del cosmos, el Hjól. Este nuevo retorno de la naturaleza para crear un principio que se iniciará en la oscuridad hasta llegar a la luz. Un embarazo (La oscuridad) de la naturaleza, el nacimiento (La luz), el crecimiento y desarrollo para luego llegar a la vejez y la muerte-renacimiento. Este momento está dedicado a la victoria de la vida sobre la muerte. Como no, por unos días tan importantes se le asociaba a Óðinn y los dioses Vanir (Sunna y Frey). Un kenning de Ódinn es Jólnir, el Señor del Dios del Jóln, es decir que es el Dios del Jól. Pero, claro el Árguð (el Dios del Año) es Freyr que representa a la plenitud y lo fructífero del año venidero. El es el dios de los regalos, dios de la fertilidad y del crecimiento del mundo vegetal. Es decir, la energía y el principio que hace posible la vida. Es aquella fuerza que permite la existencia de todos los seres vivos, su procreación y su desarrollo. En el Ragnarök, Yngvi-Freyr (Yngvi la runa Ingwaz) se sacrificará, siendo asesinado por Surt el Muspilli ya que Freyr no tenía una espada buena dado a que se la regalo a Skírnir. El regalo representa a la castración como símbolo de fertilización para el nuevo año que llega. La muerte de Freyr representa la semilla que se planta en la tierra que en primavera renacerá (Mirar la Runa Ingwaz). Jól es mucho más antiguo que la Navidad Cristiana, es para nosotros el Balanceo de nuestra Madre Tierra (Jörð Moðir). En el Jól se celebra y se hace un deseo para un año próspero y pacífico: Við óskum árs og friðar.
extraido de GOTLAND FORN SED,botlaug de catalunya http://fornsed.es/index2.php?articulo_id=62&art=1
10月30日 SHäMaiNLa rueda anual sigue girando y llegamos a la Noche del Calendario de Invierno, más conocida como Samhain o en galés como "Nos Calan Gaef". En el hemisferio Norte, el calendario gregoriano señala el 31 de octubre y en Hemisferio Sur, señala el 30 de abril. En nuestro calendario celta representa la conjunción entre el Agua y la Tierra.
En esta época, final del modo Samos y principio de Giamos, nuestros antepasados ya habían regresado con sus rebaños de ganado de los verdes pastos veraniegos. Entre nuestros antepasados celtas, una de las formas de riqueza, se hallaba en los rebaños y daban una importancia primordial a todo lo relacionado con sus animales. En la fiesta que seguía aquellos animales que por su excesivo número eran difíciles de alimentar durante el invierno, eran candidatos al sacrificio, una ofrenda especial para los espíritus de la Tierra, en pago por su protección y cooperación durante el período de Samos y como retribución adelantada para asegurar el crecimiento de los cultivos y de los rebaños en el ciclo siguiente. De esta manera el sacrificio a la vez útil y religioso era un acto de homenaje a las divinidades, cuando la energía de la vida, simbolizada por la sangre de sus animales, se filtraba por la Tierra. La tradición céltica indicaba en esta época, que toda cosecha debía estar levantada, pues cualquier grano que hubiera quedado en los campos ya no pertenecía a los humanos, sino a la Cailleach. La Cailleach era un hada vieja de aspecto poco agraciado, aunque se la conoce con otros nombres, éste escocés, es el que más ha trascendido. En Eire era la Cally Berry, en Inglaterra Black Anis, en Cornwall Cailleach Corca Duibhne, en la Isla de Man Cailleach ny Groamch y en Gales Cailleach Bolus.
La llegada de la Fiesta indicaba que el año agrícola había terminado y por lo tanto toda tarea o actividad de Samos, había que abandonarla para dar paso a las nuevas tareas, acciones y actitudes. El contrato que la tribu tenía con la Tierra, en cuanto a los beneficios en frutos que ella daba, promocionada por las divinidades, ya había vencido y no se renovaría hasta Imbolc. La Fiesta de Samhain, la fiesta más solemne, la fiesta de los muertos, de los muertos del ciclo pasado se iniciaba en la víspera y como en la de Beltane, su opuesta, se encendían hogueras en las cimas de las colinas aunque en esta ocasión era en el crepúsculo, en la oscuridad. El ganado, riqueza celta, se conducía hacia la hoguera principal con el fin de iniciar el ritual de protegerlo y bendecirlo con su paso por entre las llamas y el humo. En los cuentos y leyendas celtas se relatan historias de cómo los pueblos de Sidhe, es decir, el pueblo feérico también celebraba Samhain, o mejor dicho, lo patrocinaban, pues también era su Fiesta. Dicen algunas leyendas celtas que las hadas en esta fecha podían tomar maridos mortales y todas las grutas y túmulos que daban acceso a su mundo permanecían con sus senderos, antes casi impenetrables, accesibles para los mortales más osados que quisieran echar un vistazo a su fabuloso Mundo encantado. Cuando comenzaba el banquete, algunas tribus tenían por costumbre dejar un hueco entre los comensales para los fallecidos que quisieran unirse al banquete. Este gesto era algo más que reverencia por los fallecidos y antepasados, era la firme creencia de que no había demasiada distinción entre el mundo visible de los vivos y el invisible de los muertos. En otras tribus se creía que en esta primera noche venían muchos visitantes del Otro Mundo, algunos incluso que no habían sido invitados a la esfera humana, aún y así la hospitalidad que se imponían nuestros antepasados rebasaba la acogida. Se abrían todos los portones y ventanas con el fin de que entraran todos los espíritus que lo desearan y participaran de la solemnidad de la fiesta. Por esto mismo dejaban comida preparada en un espacio a ellos destinado, con la terminante prohibición de que nadie tocara, ni tomara esos alimentos, mientras durasen los festejos.En Gales está comida recibía el nombre de "la comida para la embajada de los muertos" (bwyd cennad y meirv), en Bretaña era "la comida para la fiesta de los muertos" (boued gouel an Anaon). Otra costumbre entre tribus celtas consistía en atribuir a ciertos personajes de la tribu, normalmente los más empobrecidos, el papel simbólico de embajadores de los muertos, conocidos con el nombre de "cenhadon y meirv". Estos individuos iban de hogar en hogar demandando la comida para los difuntos, que los anfitriones preparaban para la ocasión, recibían el nombre de "tortas de almas" o "pice rhanna"(Gales), las cuales comerían como representantes carnales de los parientes difuntos del anfitrión. En este caso, la comida de los muertos no era tabú, sino que al contrario se convertía en una manifestación de solidaridad, a la par que un fortalecimiento de la tribu. Cuando llegó el cristianismo este ritual, no desapareció sino que sorprendentemente se fortaleció. Después de la cena, los celtas de antaño tiraban a la hoguera de Samhain ofrendas y objetos que simbolizaban los anhelos o padecimientos de las personas que querían que se cumplieran o sanaran. De esta hoguera principal se encendían teas con las que se prendían las hogueras caseras de la tribu. Con estas nuevas llamas se simbolizaban los proyectos y nuevas esperanzas para el ciclo próximo que pretendían renacer. En Eire se anunciaba el inicio de la fiesta con diversos juegos y carreras en honor de Tlachtga, una arcaica diosa madre, que era la misma que dio nombre a la famosa Cailleach y a la Morrigan. Así es que la Cailleach venía a presidir la Fiesta y celebraba el acontecimiento acoplándose a El Dagda, otra arcaica divinidad celta y Dios del Draidecth, fundador del druidismo. Ambas divinidades representaban las primigenias fuerzas antiguas, responsables de la muerte y del renacimiento. A pesar de la cristianización posterior de los celtas, estas celebraciones se mantuvieron, incorporándose a la nueva religión. Samhain se transformó en All Hallows o "Noche de Todos los Santos", popularmente conocida hoy día por Halloween. También en Inglaterra resucitó el viejo espíritu en la Fiesta denominada "Guy Fawkes", que se celebra por todo el país con fogatas y fuegos artificiales. Aquellos antiguos celtas que fabricaron el Calendario de Coligny, se refirieron a la fiesta de Samhain como Trinouxtion Samonii, lo que implica que la fiesta duraba 3 noches y ocurría en el mes de Samonios, que es el primer mes según este calendario. 10月16日 El Païs de LoS LâieSKeN¿Cómo fue la Noche Primal del Llano? La Ciutat Vella estaba cubierta por las aguas. El mar penetraba unos dos kilómetros más adentro del litoral actual, hasta donde empieza la elevación del terreno en la que se encuentra hoy la Plaça de Sant Jaume (barcelona). Del litoral para arriba, por todo el llano que subía hacia las colinas, casi todo era bosque poblado de lobos y atravesado por torrentes. Cerca del mar, a la derecha de la actual Plaça de Sant Jaume, se extendían las marismas. Más arriba, aquí y allá, media docena de pequeños cerros, en cuya cima el bosque había sido talado con el fin de alojar a un poblado reducido y amurallado con piedra seca. Esos cerros eran los únicos núcleos poblados. El Puig Castellar. El Turó de Monterols. El Putxet. El Turó del Guinardó. El Turó de la Rovira. Montjuïc. Y por supuesto, el Monte Tàber, en la actual Plaça de Sant Jaume, frente a la orilla del mar, cuyas olas batían donde hoy está la Plaça Regomir. Hacia el siglo VI aC, el monte Táber / BÁRKENO estaba poblado por unos cuantos centenares de indígenas que se denominaban a sí mismos layetanos, LAIESKEN o “gente de laye”. Agricultores, cazadores, pastores y alfareros, los layetanos invocaban a los espíritus de ultratumba en los bosques sagrados de los alrededores. Como todos los pueblos íberos, adoraban a la Gran Diosa, Démeter/Tánit, cuyo rostro nos dejaron en cerámicas, exvotos y pebeteros. El buitre, el lobo y los osos señoreaban el territorio boscoso que rodeaba el poblado de Bárkeno. Desde su pequeño promontorio, dominaban un llano cubierto de bosques y ríos. Manantiales y oscuridad. Con el espolón de Montjuïc adentrándose en el mar, coronado por el poblado más cercano, donde hasta hace pocos siglos se conservaba un dolmen. Adoradores de los bosques y de los santuarios en la espesura, los layetanos hablaban una lengua que nunca se ha descifrado y escribían en caracteres ibéricos. En Montjuïc se encontraba la cantera de Bárkeno y también la ceca que nos ha dejado las monedas de aquel periodo. En el siglo III a.C. batió dracmas con la inscripción BARKENO. Mas tarde sustituyó este nombre por el genitivo de la etnia, LAIESKEN. Con este nuevo nombre emitió ases, semises y cuadrantes a mediados del siglo II a.C. Además de las monedas, el nombre solamente se ha encontrado en dos lápidas posteriores: una que habla de un prefecto de Laietània, y otra de la esposa de un romano que se llamaba Annia Laietana. Una estela funeraria descubierta en el Call tenía labrado un signo solar y unos delfines y el nombre del difunto en caracteres ibéricos: NAGE-ILDIR. En décadas recientes se han exhumado varias necrópolis de ese periodo: cerca del estadio de Montjuïc, en la actual estación de Magòria de los Ferrocarrils de la Generalitat. Otra cerca de la Vía Layetana y que se encontró al construir el actual edificio de la Caixa d’Estalvis antes Banco de España. Su época fue de los siglos VI al II aC, el periodo ibérico de la Barcelona prerromana. 9月9日 rafael albertiLas tierras, las tierras, las tierras de España, ¡A galopar, A corazón suenan, resuenan, resuenan ¡A galopar, Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; ¡A galopar,
"En un futuro toda civilización será puesta a prueba y aquella que no luche por su existencia desaparecerá".(J.R.R.Tolkien) |
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